Gestión de quejas y reclamaciones en atención al cliente: cómo organizar el proceso

Una queja o una reclamación no termina cuando la empresa confirma que la ha recibido. El caso debe quedar registrado, llegar a la persona adecuada, revisarse con información suficiente y mantener su trazabilidad hasta que se comunica la respuesta. Organizar este proceso evita que el cliente tenga que repetir lo ocurrido o contactar varias veces para conocer su estado.

¿Qué es la gestión de quejas y reclamaciones en atención al cliente?

La gestión de quejas y reclamaciones en atención al cliente es el proceso utilizado para recibir, registrar, analizar, responder y cerrar las comunicaciones en las que una persona expresa su disconformidad con un producto, un servicio o la atención recibida.

Aunque en ocasiones ambos términos se emplean como sinónimos, no siempre describen la misma situación. Una queja comunica insatisfacción y puede señalar una mala experiencia, mientras que una reclamación suele incluir una petición concreta de rectificación, explicación, devolución, compensación u otra actuación.

La empresa debe establecer criterios claros para distinguir cada categoría sin convertir la clasificación en una barrera. Si el cliente utiliza un término incorrecto, el equipo debe identificar la necesidad real, registrar los hechos y aplicar el procedimiento que corresponda.

Un proceso bien organizado debe responder a cuatro preguntas: qué ha ocurrido, quién se responsabiliza del caso, qué actuación está pendiente y cómo se comunicará la respuesta.

Qué etapas debe incluir el proceso de quejas y reclamaciones

Aunque el procedimiento debe adaptarse a cada empresa, la gestión suele recorrer cinco etapas conectadas. La complejidad y los criterios de escalado pueden variar según se trate de una queja, una reclamación o un caso con posibles implicaciones legales.

1. Recepción y confirmación

La empresa recibe la comunicación por teléfono, correo electrónico, formulario, chat, mensajería u otro canal habilitado. El primer objetivo consiste en identificar correctamente al cliente y el caso, recoger los hechos y confirmar que la gestión ha quedado registrada.

2. Clasificación y asignación

El caso se clasifica según el motivo, servicio afectado, prioridad y área responsable. La clasificación debe distinguir entre una expresión de insatisfacción, una solicitud operativa y una reclamación que exige una respuesta o actuación específica.

3. Investigación

El equipo consulta los datos disponibles, revisa las interacciones anteriores y solicita la información que falte. La investigación debe separar los hechos comprobados, la información pendiente y las apreciaciones que todavía necesitan validación.

4. Resolución y comunicación

Una vez revisado el caso, la empresa determina qué respuesta o actuación corresponde. La comunicación debe explicar la decisión y concretar los pasos posteriores cuando la gestión todavía no haya finalizado.

5. Cierre y análisis

El expediente se cierra cuando la actuación acordada se ha completado y queda registrada la información necesaria. El cierre también debe permitir clasificar la causa y detectar si existen otros casos relacionados.

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Qué información debe registrarse en una queja o reclamación

La calidad del registro inicial condiciona el proceso posterior. Si faltan datos básicos, el equipo encargado de revisar el caso tendrá que volver a contactar con el cliente o realizar comprobaciones adicionales.

El expediente puede incluir:

  • Datos necesarios para identificar al cliente y el servicio afectado.
  • Fecha, canal y contexto en el que se presenta la queja o reclamación.
  • Descripción de los hechos comunicados.
  • Respuesta o solución solicitada por el cliente, si existe.
  • Documentación, referencias o comunicaciones aportadas.
  • Clasificación del caso, motivo y nivel de prioridad.
  • Persona o área responsable de la siguiente actuación.
  • Comunicaciones realizadas y cambios en el estado del expediente.

Solo debe recogerse la información necesaria para gestionar el expediente. Los accesos, permisos y tiempos de conservación deben establecerse de acuerdo con los procedimientos internos y la normativa aplicable.

Cómo asignar responsables y mantener el seguimiento

Una queja o reclamación puede necesitar la participación de atención al cliente, facturación, logística, soporte técnico, calidad o asesoría jurídica.

El responsable del seguimiento debe poder comprobar qué actuación está pendiente, quién debe realizarla y qué información puede comunicarse al cliente. Si el caso cambia de área, el historial debe acompañarlo para evitar que el análisis empiece de nuevo.

En este punto, el back office del contact center puede validar documentación, actualizar expedientes, controlar gestiones pendientes o coordinarse con otras áreas.

También conviene establecer criterios de escalado. Algunos casos pueden resolverse mediante procedimientos definidos, mientras que otros requieren una revisión especializada por su complejidad, impacto, reiteración o posible riesgo.

Cómo informar al cliente durante la gestión

La falta de información suele generar nuevos contactos. Cuando el cliente no sabe si su queja o reclamación se ha registrado, quién la está revisando o qué ocurrirá después, puede volver a llamar o escribir para solicitar una actualización.

La comunicación inicial debería indicar:

  • Que la queja o reclamación ha quedado registrada.
  • Una referencia que permita identificar el expediente.
  • Qué información se ha recibido.
  • Cuál es la siguiente actuación prevista.
  • Qué canal se utilizará para comunicar la respuesta.

Cuando la resolución necesita varias actuaciones, el servicio debe mantener la continuidad. El cliente no debería tener que reconstruir todo el caso cada vez que utiliza un canal diferente o contacta con otra persona.

Reducir estas repeticiones también disminuye el esfuerzo del cliente durante la gestión.

Qué indicadores conviene analizar

Contar quejas y reclamaciones permite conocer su volumen, pero no explica si el proceso funciona. Conviene analizar conjuntamente indicadores de recepción, tramitación, resolución, repetición y recurrencia.

  • Tiempo transcurrido hasta confirmar la recepción.
  • Tiempo total de respuesta y resolución.
  • Expedientes pendientes y antigüedad de los casos abiertos.
  • Casos reabiertos después de su cierre.
  • Contactos repetidos relacionados con el mismo expediente.
  • Distribución por tipo, motivo, servicio, canal o área responsable.
  • Calidad y consistencia de las respuestas comunicadas.

Los tiempos deben interpretarse junto con el resultado. Una respuesta rápida no supone una buena gestión si deja acciones pendientes, contiene información incompleta o provoca una nueva queja o reclamación.

El control de calidad del contact center puede comprobar si se aplican los procedimientos, si la información es consistente y si el cierre queda correctamente documentado.

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Cómo convertir las quejas y reclamaciones en mejoras

Un caso individual explica lo ocurrido a un cliente. Varias quejas o reclamaciones agrupadas por el mismo motivo pueden señalar un problema más amplio en la información, los procesos, los sistemas o la coordinación entre áreas.

Si distintos clientes expresan disconformidad con una condición que no entendieron, puede ser necesario revisar cómo se comunica. Si los casos se concentran en una fase del proceso, conviene comprobar qué decisiones, herramientas o dependencias están provocando el problema.

El análisis debe diferenciar entre la causa de la insatisfacción y el canal utilizado para comunicarla. Que una queja llegue por teléfono no significa que el problema se encuentre en la atención telefónica.

Después de aplicar una mejora, conviene comprobar si disminuyen los casos relacionados, si se reducen los contactos repetidos y si los expedientes pueden cerrarse con menos actuaciones pendientes.

Cuándo valorar un servicio especializado

Una empresa puede valorar el apoyo de un contact center cuando el volumen de quejas y reclamaciones supera la capacidad interna, existen varios canales sin coordinación, falta trazabilidad o los equipos dedican demasiado tiempo a solicitar información y perseguir actuaciones pendientes.

El servicio puede cubrir la recepción y el registro, el seguimiento operativo, determinadas comunicaciones o un proceso más amplio. Su alcance debe establecer qué decisiones puede tomar el equipo, qué casos requieren escalado y qué sistemas necesita consultar.

La externalización de la atención al cliente no elimina la responsabilidad de la empresa sobre el proceso. Requiere procedimientos compartidos, formación, control de calidad y mecanismos de coordinación.

Cada queja o reclamación debe dejar una respuesta y un aprendizaje

Gestionar quejas y reclamaciones exige mantener el control desde el primer registro hasta el cierre. Una clasificación clara, responsables definidos y comunicaciones trazables ayudan a evitar expedientes incompletos y contactos repetidos.

El análisis conjunto de los casos permite ir más allá de la respuesta individual y detectar qué aspectos del servicio necesitan una revisión. Así, las quejas y reclamaciones aportan información útil para mejorar la atención y reducir la repetición de problemas.

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